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12.10.06

Día cuatro...



Domingo 9 de febrero.
A las diez de la mañana la temperatura era de 17º C a la sombra; pero al sol la misma trepaba a los 31º C. La radiación solar se hace sentir en las alturas y, en nuestro caso, habíamos tomado la precaución de utilizar cremas protectoras. De todos modos estábamos empezando a sentir los efectos que los rayos ultravioletas producían sobre nuestra piel.
Por la mañana caminamos hacia el norte, siguiendo la dirección de la Pampa de Achala. Ante nosotros se podía apreciar una superficie medianamente llana, interrumpida a veces por afloramientos rocosos y algunas planicies sobreelevadas de material de arrastre fluvial, proveniente de las sierras circundantes como resultado de la erosión que provocan las lluvias torrenciales.
Después de caminar aproximadamente un kilómetro, nos dirigimos hacia el oeste, hasta lo que parecía ser el borde mismo de toda esa altiplanicie. Desde allí tuvimos una vista inmejorable de las sierras de Panaholma y, mirando al sureste, de una serie de relieves muy antiguos que han sobrevivido al paso del tiempo y que llamaron poderosamente nuestra atención. No nos costó mucho encontrar su ubicación en los mapas, en el extremo sur de las serranías cordobesas, entre la Sierra Grande y el Cordón Occidental. Se trataba de los cerros Yerba Buena, Poca, Velis yViso, más conocidos como Los Volcanes, los que constituyen el relicto del fuerte vulcanismo cuaternario que sufrió toda la zona y que ahí está representado por esos restos de chimeneas volcánicas. El más alto es el Yerba Buena, con unos 1650 metros de altura.

“Muchas lagartijas se nos cruzaron cuando volvíamos de ver los volcanes. Hacía mucho calor. Almorzamos pan de carne con bizcochos…Después bajamos al arroyo a lavar los platos y a juntar agua…” (De la libreta de notas de Martín).

La tarde de ese domingo se presentó extremadamente calurosa, por lo que decidimos permanecer en el campamento. Por momentos el calor era sofocante y no soplaba nada de viento. El termómetro, en la sombra, llegó a los 31º C.
Al atardecer, todavía con el sol en el horizonte, la temperatura descendió bruscamente a 15º C, consecuencia directa de la formación del frente de tormenta que podíamos observar en el valle de Traslasierra. Como todavía faltaba una hora para que oscureciera totalmente, y ante la posibilidad de que esa noche tuviésemos vientos fuertes en la zona ya que podíamos escuchar los truenos y ver los refucilos sobre el valle, tomamos la precaución de asegurar la carpa. Para protegerla de las ráfagas que pudiesen azotarnos desde el sur, levantamos una pequeña pared con piedras. Mientras tanto podíamos observar como llovía torrencialmente hacia el suroeste del valle. También colocamos grandes piedras sobre las grampas que fijaban las cuerdas de la carpa al suelo.
Nos costó bastante cocinar los capelletinis de pollo para la cena debido al viento que se había levantado.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

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