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12.10.06

Día cinco...


Lunes 10 de febrero.
Tal como lo habíamos previsto, a la noche tuvimos que soportar una enorme tormenta. A las 04:30 empezamos a sentir unas ráfagas de viento muy fuerte. Inmediatamente nos despertamos y empezamos con el operativo de embolsar todas aquellas pertenencias que pudiesen mojarse. La tormenta eléctrica era muy fuerte y llovía con mucha intensidad. De pronto el ruido de esta sobre el techo de la carpa se intensificó y la situación empeoró: ¡había comenzado a caer granizo! Abrí un poco el cierre de la carpa y observé que el mismo no era de gran tamaño, por lo que me tranquilicé. De todos modos esta se sacudía peligrosamente y con la ayuda de Martín y Maxi intentábamos sostenerla desde el interior tomándonos de los parantes flexibles. Al cesar el granizo, que para nosotros duró una eternidad, siguió una lluvia torrencial. Los canales que habíamos cavado alrededor de la carpa no daban abasto para desagotar la enorme cantidad de agua de lluvia que escurría del techo. Y como el terreno tenía una pendiente muy suave, la misma comenzó a correr como si fuese un torrente por debajo del piso de la carpa. Tronaba muchísimo y escuchábamos caer algunos rayos. Con cada estampido de los mismos sentíamos como vibraba el terreno debajo de nosotros.

“Hoy a la madrugada llovió torrencialmente y cayeron piedras (sic)…Tuvimos que sostener la carpa porque se movía mucho con la tormenta” (de la libreta de notas de Maxi).

“…Tenía miedo; pero no dije nada. Debajo del piso de la carpa el agua corría con fuerza. Era como si estuviésemos sentados sobre un colchón de agua helada…A eso de las 06:00 el viento y el agua pararon por completo” (de la libreta de notas de Mabi).

Me desperté a las 08:45 y lo primero que hice fue revisar la carpa. Estaba en perfectas condiciones. El silencio era absoluto y podía escuchar el ruido del agua de lluvia cayendo por innumerables cascadas hacia el arroyo. Sobre la tela media sombra aún quedaban vestigios del granizo que había caído hacía unas cuatro horas.
Luego, mientras desayunábamos, sintonizamos FM 101.1 de Mina Clavero y nos enteramos de que allí la creciente súbita del río homónimo se había producido a las 08:40, por lo que calculamos que el agua de lluvia caída en toda la zona de la Pampa de Achala había tardado aproximadamente cuatro horas en llegar hasta esa ciudad.
Después de almorzar, y como hacía mucho calor, decidimos caminar hasta un sitio por el que habíamos pasado el sábado a la mañana. Si nuestros cálculos no nos fallaban, allí deberíamos encontrarnos con un espectáculo que solamente podríamos apreciar después de una lluvia torrencial como la de esa noche.
Anduvimos hacia el sureste durante una media hora, y cuando todavía nos quedaban unos cien metros para llegar al lugar, comenzamos a escuchar el inconfundible sonido que produce una gran cascada. Bajamos por entre las fisuras de unas rocas gigantescas y luego nos deslizamos por una pendiente cubierta de pastos medianamente altos. A medida que avanzábamos podíamos apreciar mucho más la magnificencia de aquella caída de agua: una hermosa cascada que se descolgaba desde casi veinte metros de altura.
Pasamos toda la tarde en ese lugar.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Te felicito por está hermoso historia que crearon en familia. Tenés un don muy especial para escribir que emociona.

9:11 PM  

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