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18.9.06

Primitivos habitantes de la región

A la llegada de los españoles la región de las Sierras Grandes estuvo ocupada por pueblos comechingones, agrupados en provincias cuyos territorios se demarcaban con pircas (paredes de piedras en seco). Los primeros cronistas que los vieron escribieron acerca de “hombres barbudos como nosotros”. Parece que la barba llamó la atención de los españoles, y quedó como uno de los rasgos que identificaron a estas comunidades. Solamente subían a las zonas más altas de las sierras en la temporada de verano. Durante el invierno, muy crudo en las alturas, permanecían en los valles habitando viviendas semienterradas con techos de paja, rodeados de muretes de piedra para la contención de las aguas, o bien, se albergaban en cuevas y bajo las salientes de las rocas. La base de su economía era la agricultura. Cosechaban maíz, zapallo, porotos y una especie de arroz llamado quinoa. También recolectaban frutos autóctonos (algarrobo, chañar y tunas) y cazaban vizcachas, liebres y aves. Para ello utilizaron armas: arcos, flechas, lanzas, hachas, boleadoras y puñales, que fabricaban en piedra, o bien, en madera de algarrobo o hueso. Criaban alpacas y llamas y empleaban su lana para confeccionar vestimentas en telares rústicos. La cerámica no tuvo gran desarrollo entre los comechingones. El núcleo de la comunidad era la familia extensa, y un grupo de familias constituía una parcialidad al mando de un cacique.
Unos 6.000 años a.C. esta cultura fue precedida por la cultura Ayampitín, de cazadores-recolectores especializados –que habitaron en el paraje Ayampitín, en la zona de la Pampa de Oláen, al noroeste de la Pampa de Achala–, y por cazadores-recolectores tardíos en las salientes de las rocas de Ongamira, cerca de la localidad de Capilla del Monte, donde también se registraron antecedentes de la etapa inicial de poblamiento, unos 13.000 años a.C.

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