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18.9.06

Origen de las Sierras de Córdoba

Esta zona constituye uno de los núcleos turísticos más importantes de la Argentina. Esta vasta región posee cualidades tales como la belleza y variedad de paisajes, los atrayentes lagos, arroyos y ríos, los beneficios del clima y de algunas de sus aguas, y los restos arqueológicos de habitantes primitivos.
Comprende tres grandes valles: Valle de Punilla, Valle de Calamuchita y Valle de Traslasierra.
La historia geológica de las sierras de Córdoba se remonta a millones de años, con la formación de una cuenca sedimentaria que luego fue sometida a deformación como fruto de enormes presiones horizontales. Posteriormente, en la Era Primaria, hubo intrusiones de grandes cuerpos ígneos –batolitos– de composición granítica, produciendo la elevación de la naciente montaña. En esta región no se han confirmado glaciaciones.
En la Era Terciaria se activaron las viejas estructuras y se generaron otras nuevas. Junto con la deformación se desarrolló un notable vulcanismo en la región occidental y, por último, a fines de la Era Terciaria y comienzos de la Cuaternaria, toda la región sufrió un alzamiento general conformando así las actuales serranías.
Las fuerzas tectónicas actuantes en el plegamiento andino generaron presiones horizontales desde el oeste y, debido a la rigidez de los materiales subyacentes, provocaron la existencia de fallas, casi todas en dirección norte-sur y con una consiguiente alineación de los cordones. En estos están representados los tres tipos de rocas: metamórficas, sedimentarias e ígneas o graníticas.
Las más usuales aquí son las rocas metamórficas, formadas a partir de un basamento plutónico-metamórfico de edad precámbrica, compuesto en su mayor parte por metamorfitas de grano grueso (gneis y migmatitas), interrumpido por grandes manifestaciones graníticas (batolitos), muy comunes en la Pampa de Achala. Los mismos forman relieves muy singulares.

El clima de las sierras

Esta región de las Sierras Grandes posee un clima muy variado, con veranos muy cálidos y lluviosos, e inviernos fríos y secos. Durante esa estación es muy común que toda la zona de la Pampa de Achala se cubra de nieve.
Generalmente presenta un cielo límpido, alto índice de heliofanía y una humedad relativa que ha aumentado a partir de la construcción de las numerosas represas y diques, tanto en Córdoba como en las provincias cercanas.

Flora y fauna de la Pampa de Achala

Aquí se presenta una vegetación propia de carácter arbóreo xerófilo. Esto significa que son plantas de climas desérticos que se caracterizan por ser muy eficientes en la captación y uso del agua.
La misma está compuesta por espinillos muy pequeños que crecen generalmente en las quebradas, tabaquillos, cactáceas, colas de zorro o plumerillos, pastos duros como el espartillo, y algunas gramíneas, helechos, musgos y líquenes. El tabaquillo es un árbol pequeño, de gran predominio en las sierras grandes y muy particularmente en los cerros Los Gigantes y Champaquí. Se lo reconoce por la silueta tortuosa de su tronco, de corteza escamada que se desprende en láminas muy delgadas de color cobre rojizo. Es semejante al arrayán, su madera es quebradiza y no apta para la combustión.
También hay una gran variedad de especies animales acompañando esta vegetación, destacándose la presencia del gato montés, puma, zorro gris, reptiles (lagartijas y víboras) y batracios en las cercanías de los cursos de agua. Es común ver ejemplares de cuis y pequeños roedores. Entre las aves se destacan el cóndor, el jote cabeza colorada y el águila mora.
La población de cóndores y de pumas está en paulatino aumento, sobre todo en el Parque Nacional Quebrada del Condorito y en las zonas aledañas al mismo.

Primitivos habitantes de la región

A la llegada de los españoles la región de las Sierras Grandes estuvo ocupada por pueblos comechingones, agrupados en provincias cuyos territorios se demarcaban con pircas (paredes de piedras en seco). Los primeros cronistas que los vieron escribieron acerca de “hombres barbudos como nosotros”. Parece que la barba llamó la atención de los españoles, y quedó como uno de los rasgos que identificaron a estas comunidades. Solamente subían a las zonas más altas de las sierras en la temporada de verano. Durante el invierno, muy crudo en las alturas, permanecían en los valles habitando viviendas semienterradas con techos de paja, rodeados de muretes de piedra para la contención de las aguas, o bien, se albergaban en cuevas y bajo las salientes de las rocas. La base de su economía era la agricultura. Cosechaban maíz, zapallo, porotos y una especie de arroz llamado quinoa. También recolectaban frutos autóctonos (algarrobo, chañar y tunas) y cazaban vizcachas, liebres y aves. Para ello utilizaron armas: arcos, flechas, lanzas, hachas, boleadoras y puñales, que fabricaban en piedra, o bien, en madera de algarrobo o hueso. Criaban alpacas y llamas y empleaban su lana para confeccionar vestimentas en telares rústicos. La cerámica no tuvo gran desarrollo entre los comechingones. El núcleo de la comunidad era la familia extensa, y un grupo de familias constituía una parcialidad al mando de un cacique.
Unos 6.000 años a.C. esta cultura fue precedida por la cultura Ayampitín, de cazadores-recolectores especializados –que habitaron en el paraje Ayampitín, en la zona de la Pampa de Oláen, al noroeste de la Pampa de Achala–, y por cazadores-recolectores tardíos en las salientes de las rocas de Ongamira, cerca de la localidad de Capilla del Monte, donde también se registraron antecedentes de la etapa inicial de poblamiento, unos 13.000 años a.C.

Parque Nacional Quebrada del Condorito

Este parque se creó en el año 1995 para proteger la fauna que se vió amenazada con la construcción del Camino de las Altas Cumbres. Se accede al lugar tras una caminata de aproximadamente tres horas, desde el paraje El Cóndor, cruzando la Pampa de Achala para bajar abruptamente hacia la quebrada por una ladera en pendiente cubierta de tabaquillos. En el fondo corre el río, ideal para la pesca de truchas. El parque cubre una superficie de 37.000 hectáreas.
Desde el mirador que da al extenso cañadón, se puede observar el vuelo majestuoso de una de las aves más bellas de la región, el cóndor. Hacia 1970 su población no llegaba a la docena, y hoy se acercan a 400. El cóndor andino planea por estas tierras desde tiempos remotos, con su envergadura que puede llegar hasta tres metros.
El puma es otra de las especies que ha logrado recuperarse en todo el área del parque nacional y la Pampa de Achala.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA


*“Guía turística YPF”, Ed. San Telmo S.A., Buenos Aires, 1998.

*“Los hijos de la tierra”, Carlos Martínez Sarasola, Emecé Editores, Buenos Aires, 1998.