Llegada a la Pampa de Achala.
El mapa muestra un sector de las Sierras de Córdoba y la enorme extensión que abarca la Pampa de Achala. Están señalados el lugar donde acampamos y el recorrido que sigue el Camino de las Altas Cumbres.Jueves 6 de febrero.
Hacía aproximadamente veinte minutos que caminábamos entre las formaciones rocosas. Maxi y Nahuel estaban muy sorprendidos por la fisonomía del paisaje que se presentaba ante sus ojos y que nunca antes habían observado. Cuando alcanzamos la parte más alta de un cerro pude divisar una pequeña quebrada de unos doscientos metros de profundidad y un pequeño curso de agua que serpenteaba en la parte más profunda. Consideré que ese sería un buen lugar para establecer el campamento.
Estábamos en pleno corazón de lo que se conoce como Pampa de Achala, un lugar situado a unos 2.200 metros de altura sobre el nivel del mar, una reserva hídrica natural que abarca una superficie de 146.000 hectáreas en la zona central de las Sierras Grandes. Este cordón montañoso es el que alcanza la mayor altura en la provincia de Córdoba y conforma una región con características muy particulares. Su enorme diversidad de ambientes y vegetación constituyen un refugio para gran cantidad de fauna que, en algunos casos, solo se presentan en este lugar. La mayor parte de las lluvias de la provincia son recibidas y almacenadas en la Pampa de Achala.
Descendimos hasta el riacho y mojamos nuestras cabezas. El sol pegaba de lleno y la temperatura era bastante elevada. El cielo se presentaba muy limpio, aunque podíamos observar algunas nubes hacia el oeste. El agua era cristalina; pero recomendé a mis hijos no beberla a fin de evitar cualquier problema gastrointestinal durante el primer día.
Comenzamos a ascender nuevamente el cerro y nos detuvimos unos cincuenta metros antes de llegar a la cima. Allí el terreno se suavizaba levemente y una formación rocosa de unos diez metros de altura se extendía en dirección este-oeste. Pensé que eso era lo que necesitábamos, ya que la misma constituiría una excelente protección contra los vientos que pudiesen soplar desde el sur. Desde la parte más alta de esa roca divisábamos perfectamente el cerro Champaquí hacia el sur y la Pampa de Achala extendiéndose en dirección nor-noreste; mirando al oeste, de norte a sur, la sierra de Panaholma y las localidades de villa Cura Brochero y Mina Clavero en el Valle de Traslasierra; más lejos, con su silueta recortándose en el horizonte, los volcanes; y entre éstos y la sierra de Panaholma, la Pampa de Pocho. En el centro del valle era posible observar el río Los Sauces en su recorrido hacia el dique La Viña.
Sin perder más tiempo fuimos al encuentro de Mabi y Martín, quienes se habían quedado al costado del Camino de las Altas Cumbres cuidando todo nuestro equipo.
“El ómnibus que nos trajo de Villa Carlos Paz se detuvo en el parador El Cóndor. Había un cartel anunciando que nos encontrábamos a 2300 metros sobre el nivel del mar. Después de una detención de 15 minutos seguimos viaje rumbo a La Posta. Le preguntamos al conductor del ómnibus si podría detener la marcha unos kilómetros más adelante, para dejarnos en plena Pampa de Achala, a lo que accedió amablemente. Hace calor, estoy algo mareada y me corre la transpiración. El viaje en ómnibus, con tantas curvas y pendientes, más el efecto de la altura del lugar me ha causado vértigo...” (de la libreta de notas de Mabi).
Nos colocamos las mochilas y empezamos a caminar hacia el lugar elegido. Nuestro viaje había comenzado en la ciudad de Buenos Aires el día anterior –miércoles 3 de febrero de 2003–, y después de casi once horas de viaje en ómnibus, habíamos arribado a Villa Carlos Paz a las 08:30hs. Allí abordamos el ómnibus que nos dejó en el sitio mismo donde comenzaría nuestro desafío: una semana de turismo aventura en el corazón mismo del cordón de las Sierras Grandes. Siete días de aislamiento total en la Pampa de Achala.
Antes de almorzar montamos la carpa, desplegamos la tela media sombra para protegernos del sol y ordenamos todo el resto del equipo. Eran las 15:30. Mabi se veía muy cansada y con síntomas muy claros de estar sufriendo los efectos de la altura. Como la temperatura era muy alta (29ºC a la sombra), decidimos descender hasta el arroyo para refrescarnos. Allí estuvimos alrededor de una hora y media y antes de regresar al campamento recogimos ocho litros de agua en el bidón descartable y le agregamos cloro para potabilizarla.
Esa noche, mientras cenábamos, pudimos observar como se formaban dos frentes de tormenta. Uno se gestaba sobre el Valle de Punilla, hacia el noreste, mientras que el restante abarcaba todo el Valle de Traslasierra, hacia el oeste.









